La publicidad de los famosos

¿Cómo se sentirá un presentador de telediario mientras te recomienda una compañía de seguros de coche tras haberte informado de que 80 personas han muerto asesinadas en una guerra ante la pasividad de los gobiernos y haberte mostrado imágenes corroborando la veracidad de la noticia?

El nuevo presentador de teletienda te está recomendando/vendiendo un producto que posiblemente nunca haya consumido. ¿Qué pensará Carlos Sobera o Christian Gálvez cuando anima a personas con pocos recursos a pedir un préstamo a un banco virtual que sangrará a intereses a quien no tiene ni para la famosa vuelta al cole de sus hijos? Y los personajes famosos que publicitan bancos ¿tendrán alguna cuenta en los mismos? Las cremas antiarrugas, las anticelulíticas, pastillas para adelgazar, champús, geles, tintes para el pelo, espuma de afeitar, desodorante… Rafa Nadal, Gasol, David Muñoz, Ana Belén, Jesús Calleja, Paula Echevarría… podríamos continuar sin parar. A muchos de ellos no nos extrañará verles después realizando ayuda social aquí o en otros países, publicitándolo también aunque en otro sentido. Para equilibrar la balanza. Tanto vale para una cosa como para lo contrario.

No cabe duda de la rentabilidad y la eficacia de esta publicidad en medios visuales con personajes famosos, generalmente presentadores, artistas o deportistas. Me pregunto si la moralidad y la ética les permitirá a los nuevos presentadores de teletienda reflexionar sobre el público al que se dirigen y el contenido de lo que venden únicamente por simpatía, confianza o admiración del espectador ante su propio trabajo. Si ellos mismos creen estar recomendando un producto beneficioso para el público, si lo han comprobado o si por el contrario lo único en lo que reflexionan es en la cifra contenida al final de un contrato publicitario.

Temiéndome lo peor, en demasiados casos, concluyo que simpatía y admiración, al menos a través de la pantalla de un televisor, no implican que dicho personaje disponga de una serie de normas morales. E inevitablemente, el vínculo emocional o empático que pueda alguien tener con ese personaje, sin duda cambiará de bando.

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