Preferimos competir a ir por libre y los robots serán los mejores en casi todo

Mi reflexión comienza viendo el cuarto capítulo de la cuarta temporada de la serie Black Mirror. El episodio presenta a unos personajes con miedo a “salirse de lo común” hasta tal punto que ni siquiera son capaces de reconocer en su interior qué desean vivir realmente.

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Follow your dreams, by Banksy

Por un lado queremos formar parte de la sociedad, tener un lugar dentro de ella, una posición, un rol, una vida en común. Por otro lado queremos tener libertad para actuar, que no nos miren mal, vivir de un modo más individualista respetando los diferentes puntos de vista, aunque ello no evite el distanciamiento social, la creación de colectivos, la exclusión. Preferimos competir a ir por libre, ya que lo segundo conlleva una toma de decisiones con mayor riesgo de error (por desconocimiento, por estadística o por ausencia de la misma). Me planteo, ¿ha ocurrido esto a lo largo de la existencia humana? ¿O es que se acentúa a medida que pasa el tiempo? O a medida que uno crece, o a medida que uno lee, o que ve, que vive.

El miedo al bochorno, a la vergüenza, al juicio, al cambio de hábitos, a la incertidumbre. Estamos condenados a sufrir premeditadamente para ser lo que creemos correcto y no dejarnos jamás llevar por la emoción, los deseos, algo que supuestamente nos diferencia de la mayor parte de los seres vivos del planeta. Además de los robots. Si seguimos así fácilmente nos confundiremos con ellos, o ellos con nosotros, los robots serán los mejores en casi todo. Ellos sabrán qué pomada comprar para aliviar el picor vaginal, serán los mejores inversores, cocineros, albañiles, ingenieros, programadores.

Muchos hábitos que tenemos, sino la mayoría, o de las decisiones que (aparentemente) tomamos, incluso las opiniones que defendemos, lo hacemos sin reflexionar el por qué, acogiéndonos a las razones que nos inculcan mediante muchos medios como la publicidad (directa y subliminal) o el mal periodismo, además de los más tradicionales como la religión. Entramos en la parte de El show de Truman, la vida totalmente dirigida. Y qué complicado puede ser a veces, como en la película, darse cuenta de ello.

Incluso el feminismo se ha convertido (en tan poco tiempo) en marketing. Las blogueras defensoras de los derechos de las mujeres y la lucha contra el machismo y la violencia doméstica y sexual, ya tienen sus líneas de tazas y libretas de color rosa. Moda, capitalismo, vidas dirigidas. Y en la cima, dinero y poder. El desconocimiento permite que esto ocurra, precediéndole en muchas ocasiones la ignorancia y la vagancia. En otras, la imposibilidad de acceder a ese conocimiento que nos permitiría tomar decisiones más sabias y arriesgadas basadas en nuestros deseos personales. Pero lo importante al fin y al cabo es lo que desaparece que es la libertad, ya sea autoimpuesta o legislada, la libertad de pensar.

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