Reducción del Riesgo de Desastres y el caso de Venezuela y Brasil

Para introducir el concepto de reducción del riesgo de desastres (RRD), una mayor frecuencia e intensidad de eventos meteorológicos extremos con peores efectos (debido al cambio climático y a los procesos de urbanización) hacen que el concepto y la gestión del riesgo deba tenerse en cuenta siempre y cada vez más, incluso y en un primer momento por los trabajadores humanitarios. Las pérdidas económicas tras terremotos, tsunamis, ciclones e inundaciones han ascendido ya a los 300 millones de dólares al año. La mortalidad y las pérdidas económicas aumentan en los países de ingresos bajos, en los que las pérdidas anuales son hasta cinco veces mayores. Así es que los países que más necesitan invertir en desarrollo social, son aquellos que más dificultades tienen a causa del riesgo de desastres.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) aboga por una gestión sostenible de recursos naturales y por minimizar los impactos medioambientales negativos de las intervenciones de Ayuda Humanitaria. Tras el genocidio perpetrado en la República Democrática del Congo, entre 1994 y 1996, se talaron 36 millones de árboles para usar como combustible y para construir viviendas temporales para los refugiados ruandeses. Esta deforestación conlleva sin duda un duro golpe para el medio ambiente al no haberse tenido en cuenta el riesgo. Pero también podemos poner ejemplos de que una buena gestión del riesgo puede reducir mucho las consecuencias de un desastre.

 

Los países que más necesitan invertir en desarrollo social, son aquellos que más dificultades tienen a causa del riesgo de desastres

 

Es el caso de Odisha en la India, en 1999 un superciclón dejó 9.843 personas muertas; años después en 2013 el ciclón Phailin arrasó la misma zona dejando 47 fallecidos. Entre ambos fenómenos naturales, el gobierno de Odisha asumió la gestión del riesgo de desastres y para ello se llevaron a cabo la construcción de refugios anticiclones, sistemas de alerta temprana y con comunicación a las comunidades expuestas y a los pescadores en el mar, construcción de diques de protección, se crearon y se actualizaron normas de construcción urbana y también se mejoró la precisión en el departamento meteorológico. Algunas de estas y otras medidas, sin duda de una buena gestión de RRD, fueron recogidas posteriormente en el Marco de Sendai. También el código de conducta del personal humanitario en casos de desastre recoge que “La ayuda de socorro tendrá por finalidad satisfacer las necesidades básicas y, además, tratar de reducir en el futuro la vulnerabilidad ante los desastres“ por ejemplo en ubicar los asentamientos temporales o campamentos de personas en zonas seguras y preservar las funciones de los ecosistemas, o promover estructuras resistentes y basarse en normas de edificación estudiadas.

 

Una gestión sostenible de los recursos naturales ayuda a prevenir catástrofes ligadas al agua, la pérdida de biodiversidad y la desertificación de los suelos.

 

El Marco de Sendai (2015-2030) se adoptó para prevenir la aparición de nuevos riesgos de desastres y reducir los existentes, aumentando la preparación para la respuesta y la recuperación y reforzando la resiliencia. Uno de sus principios es “reconstruir mejor” e incrementar la educación y la sensibilización para prevenir nuevos desastres, para ello promueve la necesidad de volver a valorar los efectos en el riesgo de desastres teniendo en cuenta el cambio climático. Así mismo toma como una prioridad la resiliencia de la infraestructura vital, como son el abastecimiento de agua, el transporte y las comunicaciones, e instalaciones educativas y sanitarias. Las personas que vivan en zonas propensas a desastres deben ser evacuadas a zonas más seguras.

Todas las indicaciones adoptadas en el Marco de Sendai para la reducción de desastres, deben ser tomadas y consideradas, siempre que sea posible, desde el primer momento en una intervención humanitaria, así como durante todo el ciclo de reconstrucción. Otra de las prioridades es incluir la evaluación en RRD en la planificación urbana, sobre todo en el desarrollo rural, teniendo en cuenta zonas propensas a sequías e inundaciones, o zonas inseguras para asentamientos humanos, preservando siempre un ecosistema sostenible que a su vez contribuye a reducir riesgos. Se requiere en general la implicación y colaboración de toda la sociedad, haciendo uso del empoderamiento y de la participación inclusiva, accesible y no discriminatoria, de este modo la sensibilización de la comunidad será una tarea de aprendizaje conjunto y concienciación. Estas medidas no gustaron a todos como por ejemplo a Scott Paul, asesor de Oxfam que afirmó que son insuficientes y no están a la altura del rápido aumento del riesgo de desastres en el mundo. También recordando que el apoyo financiero y técnico a los países en desarrollo debe ser una prioridad, pues son los más vulnerables y menos preparados.

Actualmente estamos viviendo un caso con un fuerte impacto medioambiental relacionado con las migraciones de Venezuela hacia Brasil. La escasez de medicamentos y alimentos en la crisis humanitaria venezolana ha provocado que la gente huya a Brasil. En total, unas 80.000 personas han cruzado ya la frontera del país vecino hacia Brasil. Roraima, una de las ciudades más pobres de Brasil, ha recibido ya a 40.000 venezolanos. Algunos viven en las calles y otros en campos de refugiados que albergan a personas cuatriplicando su capacidad. Las consecuencias ya se han hecho evidentes: problemas en la gestión de residuos, escasez de recursos como el agua o necesidad de talar árboles para poder cocinar son algunos de los impactos medioambientales que está sufriendo la zona. Los refugios están diseñados para 200 personas pero ahora viven 500, sólo para vaciar las fosas sépticas hace falta triplicar el número de viajes de los camiones.

 

“Muchos son tratados por complicaciones de enfermedades como VIH/SIDA, neumonía, tuberculosis y malaria que no habían sido tratadas en Venezuela por la escasez de medicamentos. Los médicos dijeron que, por ello, es más frecuente que los pacientes venezolanos necesiten ser hospitalizados, en comparación con los pacientes locales.” (extracto de artículo Human Right Watch)

 

El sistema médico se enfrenta a una gran cantidad de personas que están sin vacunar y con bajo estado de salud, además de atender a la población local. Los recursos comienzan a escasear y los centros médicos no dan abasto ante tanta gente. Sin una adecuada prevención, podrían afrontar riesgos de epidemias. Además el aumento de los desechos médicos supone riesgos para la salud pública y medioambiental si no se gestiona adecuadamente.

 

 

Las dificultades a las que se enfrentan las organizaciones de ayuda humanitaria para tener en cuenta la RRD no son pocas. El impacto en la salud pública y el medio ambiente en Roraima es desconocido. Dentro de lo posible, deberían barajarse otros lugares para repartir a la población refugiada en zonas con acceso a agua y a recursos básicos. Mejorar la gestión de residuos y desechos, que debe realizarse bajo los conocimientos adecuados sobre gestión medioambiental. Intentar reducir la contaminación del aire y detener la deforestación, para ello es necesario que todas las personas dispongan de los recursos necesarios para la vida durante su estancia provisional. La sensibilización es una tarea importante para concienciar a tanto a la población local como a la migrante, con implicación y colaboración de todos ellos.

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