La falacia del costo hundido

Depende cómo lo cuentes, eres víctima o te lo has buscado

Podemos pensar que las personas con origen en países lejanos, con culturas distintas a las nuestras, estarán más cómodos allí y nosotros más cómodos aquí con lo nuestro. Cada uno a lo suyo. A veces no podemos imaginar que alguien decida dejar todo su pasado, incluso a parte de su familia (cuando no toda) para emprender una nueva vida en un país lejano y diferente en prácticamente todos los aspectos, incluso idioma desconocido y una dieta alimenticia totalmente exótica. No podemos creerlo porque quién va a decidir dejarlo todo, abandonar sus proyectos terminados o a medias o sus sueños, para emprender un viaje de azar, sin maleta ni previsiones.

No resulta fácil ponerse en la piel de otras personas que actúan de un modo inmensamente distinto al que tú supones que jamás te tendrías que afrontar. Sin embargo entendemos, a veces con cierta facilidad, las decisiones erróneas que toman personas cercanas o los fracasos de los demás. Por eso debemos conocer cuándo y cómo ocurre la llamada falacia del costo hundido.

Más vale malo conocido que bueno por conocer

El costo hundido es un gasto que se ha tenido y que ya no es posible recuperar. La falacia del costo hundido se puede dar estando en la mitad de una carrera universitaria que no nos termina de convencer, tras varios años en el mismo trabajo aunque con cierta insatisfacción, tras una gran inversión económica o por la propia monotonía de la vida. Dicho en otras palabras la falacia del costo hundido ocurre cuando tenemos la certeza de que no vamos a recuperar cierta “inversión”, pero a pesar de ello seguimos apostando. También es conocida como sunk cost fallacy, falacia de las pérdidas imborrables o falacia del costo irrecuperable. Ocurre en las máquinas tragaperras y en las parejas, en el sector laboral y en el económico, se puede trasladar a muchos aspectos como compras, estudios o planificaciones que no se harán efectivas pero que sí han supuesto un gasto en algún momento, el gasto irrecuperable. La falacia del costo hundido nos lleva a tomar decisiones que no nos convienen. En el caso del juego, también entra “en juego” la Falacia del apostador.

En la web angelmetropolitano.com la  falacia del costo hundido se define así: En el póker es cuando te quedas con una mano que va a perder porque ya apostaste demasiado. En los negocios es cuando ya has gastado una gran cantidad de tiempo o dinero en un proyecto así que continúas trabajando en éste aunque no sea exitoso. Y en el amor es cuando las personas se mantienen en una relación infeliz incluso cuando saben que deberían dejarla.

Según cita la wikipedia, el razonamiento de la falacia se basa en “no puedo parar ahora, de otra manera lo que he invertido hasta el momento se perderá” y “se produce cuando las personas toman decisiones sobre una situación actual basándose en lo que han invertido previamente en dicha situación”. Esto nos lleva a tomar decisiones que no nos convienen como continuar una carrera universitaria que no te gusta y de la que no vas a sacar provecho, como decidir formar una familia con tu pareja de toda la vida para terminar con la “mala racha” que estáis pasando o como mantener esa inversión o proyecto que no da los frutos que habíamos previsto… Osea, tirar para adelante y esperar a que ocurra un milagro y la situación mejore (o que sea lo que dios quiera). ¡A ver si suena la flauta!

Me imagino que no dista demasiado de la filosofía del pensamiento de algunos católicos por bautismo que continúan ejerciendo su derecho, e incluso pagando a la Iglesia para realizar sus ceremonias de boda o bautizo. Para qué cambiar, es como una tradición, costumbre o un no me quiero salir de lo normal. Lo que nos lleva a una sociedad que se deja llevar antes de reflexionar, de lo que el capitalismo ha conseguido una sociedad dirigida.

Francesc Miralles habla de la necesidad de aprobación de las personas por parte de otros. Muchos de nosotros vivimos con la necesidad de agradar, lo cual provoca que termines olvidando tus propias metas y te conviertas en un robot que hace lo que la gente espera que hagas. No están exentos los ejemplos relacionados con las redes sociales y los “ataques de ansiedad” ante las actitudes de nuestros contactos. ¿De qué manera cambiaría mi vida si yo modificara mi comportamiento? ¿Sería peor o sólo diferente? ¿Cómo actuaría en cada situación si atendiera en primer lugar a mis propios deseos y necesidades? Reflexionando con Francesc Miralles.

En su artículo Lo peor que puede pasar, Miralles desarrolla cómo y cuánto nos afectan en realidad los pensamientos catastrofistas, pesimistas o alarmistas. ¿Son sólo pensamiento o para nuestro cuerpo la cosa va más allá? Probablemente nunca te lo has planteado de esta manera pero la mayor parte de desastres que tememos nunca llegarán a suceder.

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