La dichosa maternidad subrogada en México: aproximaciones de una feminista*

La socióloga Mag Mantilla plasma sus reflexiones sobre la gestación subrogada en el blog mexicano Jacarandas en el asfalto, aportando datos relativos al caso de México y a la legitimidad de esta práctica en distintas ciudades del país centroamericano.

“[…] el feminismo me hizo comprender que a eso que mal llaman ‘maternidad subrogada’ o ‘gestación subrogada’ es en realidad capitalismo neoliberal.”

“[…] la ‘maternidad subrogada’ se reduce a términos lucrativos: un contrato comercial para adquirir un bebé que se gesta en el cuerpo de la mujer que alquila su vientre durante nueve meses a causa de carencias económicas y al no tener la posibilidad de un trabajo digno. Ninguna mujer que alquila su vientre tiene libertad de decisión, porque tiene la necesidad de sobrevivir en un sistema capitalista, neoliberal y patriarcal.”

Jacarandas en el asfalto

Hasta hace pocos años —a lo mucho cinco— cuando escuchaba hablar de maternidad subrogada[1] me confundía bastante, seguramente porque el término en sí no tiene claridad y por el contrario es muy difuso. Inclusive lo asociaba más con adopción que con substitución.

Luego, el feminismo[2] me hizo comprender que a eso que mal llaman “maternidad subrogada” o “gestación subrogada” es en realidad capitalismo neoliberal que en nuestro país empobrecido, como en otros[3], ha sido o sigue siendo una crudísima realidad.

La problemática de la “maternidad subrogada”[4] en el contexto mexicano me remite a Estados Unidos[5], país donde la práctica cuesta de 95 mil a 280 mil dólares. En México cuando se consideraba bien pagada fluctuaba entre los 64 mil dólares, aunque algunos testimonios del Estado de Tabasco prueban que el pago otorgado por las agencias de reproducción asistida a las mujeres que alquilaban…

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Porque con la ‘pitrina’ bajada yo me río y tú te mueres de vergüenza

Porque con la ‘pitrina’ bajada yo me río y tú te mueres de vergüenza

Ignominia: Ofensa grave que sufre el honor y la dignidad de una persona,

de un modo público.

En pleno debate sobre los límites del humor aparecen las siguientes noticias en los principales medios de comunicación: el Ministerio de Cultura otorgará el premio Nacional de Tauromaquia al torero Juan José Padilla, que bien podrían darle el premio Picasso porque es él en sí una obra de arte; el desalojo de las principales estaciones de tren de Madrid y Barcelona por una amenaza terrorista que resulta ser una hebilla de pantalón con forma de granada encontrada en la maleta de un pasajero; y un francotirador planea asesinar al Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y para más inri no lo catalogan como terrorismo. Además la diputada del Congreso María Dolores de Cospedal dimite tras encargar trabajos de espionaje al comisario de policía Villarejo afirmando que sólo quería “confirmar si eran ciertas cuestiones concretas […]” sobre sus adversarios políticos. Tras esta última hora, ¿hablamos de humor? Seguir leyendo “Porque con la ‘pitrina’ bajada yo me río y tú te mueres de vergüenza”

La falacia del costo hundido

Depende cómo lo cuentes, eres víctima o te lo has buscado

Podemos pensar que las personas con origen en países lejanos, con culturas distintas a las nuestras, estarán más cómodos allí y nosotros más cómodos aquí con lo nuestro. Cada uno a lo suyo. A veces no podemos imaginar que alguien decida dejar todo su pasado, incluso a parte de su familia (cuando no toda) para emprender una nueva vida en un país lejano y diferente en prácticamente todos los aspectos, incluso idioma desconocido y una dieta alimenticia totalmente exótica. No podemos creerlo porque quién va a decidir dejarlo todo, abandonar sus proyectos terminados o a medias o sus sueños, para emprender un viaje de azar, sin maleta ni previsiones.

No resulta fácil ponerse en la piel de otras personas que actúan de un modo inmensamente distinto al que tú supones que jamás te tendrías que afrontar. Sin embargo entendemos, a veces con cierta facilidad, las decisiones erróneas que toman personas cercanas o los fracasos de los demás. Por eso debemos conocer cuándo y cómo ocurre la llamada falacia del costo hundido.

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Sobre capitalismo, consumismo y sociedad

Capitalismo es no pagar las bolsas para llevar la compra a casa, pero comprar bolsas para tirar la basura. Comprar el antibiótico para la gripe y los probióticos para regenerar la flora. Comer de todo pero tomar algún remedio natural para bajar el colesterol. Vitaminas para cuando no hace sol, suscripción para mi tiempo libre y alguna inversión. Vacaciones en la playa, vestido de boda y piel morena canela. Instalar aplicaciones gratuitas y pagar periódicamente por el nuevo modelo de teléfono móvil. Y depilarte para siempre en un incógnito número de sesiones. Tengo que salir a comprar tabaco. Fútbol en bar o de pago, camisetas de fútbol a precio de concierto de alguien conocido a precio de noche de hotel a precio de alguna entrada deportiva a precio de musical a precio de festival a precio de teléfono móvil limitado a precio de salario mínimo correspondiente a mes y medio trabajado en la India.

Quizás necesite algún jarabe para defecar. Compre la guía de turismo y no moleste demasiado a los locales. Peléese, quéjese, gaste dinero que yo le protegeré. Y recuerde, lo barato sale caro (salvo que venga de ciertas multinacionales). ¿Realmente necesito todo lo que me quiero comprar?

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La pobreza, vencida por el talento

28 de junio en la Jornada El talento vence la pobreza, en la sede de Endesa en Madrid, del Proyecto Observatorio empresarial contra la pobreza de la fundación Codespa con la ‘misión de inspirar y ayudar a las empresas que quieran sumarse al reto de paliar y luchar contra la pobreza’. El título de la charla rápidamente se reduce a #TalentoVsPobreza. Así debíamos estar activos en las redes sociales. Pero el objetivo era explicar el contexto y las soluciones empresariales disponibles o estudiadas orientadas a combatir la pobreza. Me gustaría decir erradicar la pobreza, pero no me atrevo. El moderador Joan Fontrodona, profesor de ética empresarial, muestra un gráfico introductorio en los que se diferencian dos colores para evidenciar la desigualdad: un color representaba a las personas con mayores ingresos y habilidades y otro color a las personas con menos ingresos y habilidades. Partimos de una base consensuada para el resto de jornada en la que ingresos y habilidades van de la mano: los ricos tienen talento, por deducción los pobres no tanto. Quizás he hablado demasiado rápido de talento. Seguir leyendo “La pobreza, vencida por el talento”